28.9.08

Etna

Hacía semanas que no entraba en la habitación del piano. Está lleno de polvo y el tercer movimiento del Claro de Luna sigue escrito en el pentagrama. El taburete chirría y las teclas bostezan. La humedad desafina los sostenidos. Mis silencios también se desafinan cuando no estás.
Empieza a llover y vuelvo a coleccionar atardeceres lilas y naranjas. Hoy las nubes se desmenuzaban con el viento. Se ha ido el sol y no te he llamado porque me temblaban los tobillos. He acabado sentada en la ventana del sexto piso de la facultad. ¿Y si me caigo? Qué bonitas son las calles mojadas.
Tengo las bambas llenas de arena y todo gira en torno al Absurdo. Anoche vi una estrella fugaz y se me olvidaron los deseos...


Què trista serà la tardor... Queda't aquí, no te'n vagis. Mai, Etna. No te'n vagis mai. És tan absurd, dir-te que t'enyoro. Tan absurd i tan cert, que les mans em fan olor a lleixiu i, tot i així, em sembla que t'estimo. Encara que hagi tornat a menjar xocolata després de sopar i tingui el maleït vici de cremar absències amb sospirs de nicotina les vesprades de diumenge. M'arrancaria les pestanyes per cosir-te somriures. La pell, per abrigar-te els neguits. Et somio, com qui somia amb les fades o amb la màgia de qualsevol nimfa. I em llevo cada matí amb polsims d'il·lusió sota les parpelles. Quin mal, sentir-te aquí i saber-te tan lluny. Mai, no te'n vagis. Tal vegada d'això no se'n digui estimar, jo mai n'he tingut, de traça, per aquestes coses. Però no fugis, Etna. Mai. No te'n vagis, que prou tristes són ja les tardors...

25.9.08

t'escapes amb mi?

Es miércoles y he decidido que voy a dejar la carrera. Ojalá pudiese romper con un montón de cosas más. Con su rimel corrido, por ejemplo, o con los gritos de su mirada.
No me acuerdo si fue ayer o esta mañana que me he despertado con los tejados vestidos de lluvia. Odio el dolor de cabeza después de haber llorado de rabia. Y mi letra en el tren. Se mueve igual que el paisaje por la ventana, y que aquel avión, que aunque parece que está flotando en el aire, seguro que va más rápido que nosotros. Qué envidia, volar.
Cuando llueve es como si el mundo fuese más despacio. El cielo tiene el color de tu voz esta tarde y las calles se disfrazan de otoño. Otoño… Que me duela no quiere decir que no me guste. Las nubes parecen de metal y se me caen los anillos. Eso quiere decir que vuelvo a tener los huesos de nieve. Se me encoge la piel con el frío, ¿a ti no te pasa? Me hago más pequeña, como cuando te echo de menos. A veces me da miedo hacerme tan tan pequeñita que desaparezca…
Ojalá también pudiese desatarme de ti. O de la absurda sensación de que es inútil alejarme porque te tengo tan dentro que vas a seguir en mí esté aquí, en Londres, en la Luna o en Pekín.
No sé muy bien por qué escribo en un bloc de dibujo, ni qué hago subida en un tren que no me lleva más lejos que a ninguna parte. Es miércoles y voy a dejar la carrera. Llevo dos días hilvanando quimeras para escapar. Dos días que empezaron hará más de un año... Qué absurdo todo.

22.9.08

desnudos

Qué imbécil he sido creyéndome que ya no me dolían los otoños. Los calcetines a rayas, las camisetas a rayas, las bragas a rayas. Las gafas, la pulsera, el pañuelo, las sábanas. No sirven de nada. De repente, me miro al espejo y vuelven a asomarse tras mi sombra los reflejos de ese frío de metal (el que se clava en la nuca y retumba detrás de los ojos). El cielo gris vuelve a ser la excusa perfecta para estar triste y las rayas, las malditas rayas que hasta ahora me han servido de refugio, me estrangulan.
Los árboles se desnudan y yo no soy capaz ni de quitarme el sombrero. No puedo. Es como si me hubiesen cosido los pliegues de la piel con hilo de pescar. O de aluminio. Y es una putada, porque cuando me arrancas la ropa con la mirada, se me sube sin querer la cremallera de este abrigo de escarcha. No lo puedo evitar. Me da un pánico horrible presentarte mis entrañas… Me ahogo, cuando me imagino que me abres en canal. Que me abren, me hienden el pecho y las rayas superficiales del jersey se convierten en estrías de mi alma. No me dispares con porqués, que me desangro a base de silencios.
Nunca quise ser una niña de cristal, por eso me envuelvo las venas con hielo. Pero me duelen, los otoños. Duelen a cámara lenta –que a veces creo que es mucho peor que doler a mil por hora-.

16.9.08

ficciones

Ficción es dormirme con tu voz en mi silencio. Tu olor en los ojos y tu mirada en la piel. Ficción son tus alas, y aquel cometa. Subir a dormir a Plutón y desayunar bostezos en el planeta de las ausencias. Tú, eres ficción. Y los sueños que me robas. El caleidoscopio de ilusiones y el fantasma que se pasea por mis entrañas desempolvando nostalgias. Es abrazarte. Alcanzar tus manos y sacarte a bailar. O a cantar, o a reír, o a volar.
Besarte, ficción. Y hundirse mar adentro, muy adentro, hasta aparecer en una quinta dimensión de plexiglás. O de plastilina. La realidad donde el espacio de mi reloj sincroniza con el tiempo de tu cuerpo. Es ficción, que encajemos, sin motivos. Y contarte cuentos en el tejado, y pintar la lluvia, y descoser el sol. Deshilachar el incesante ruido del Deseo, del Movimiento, de la Razón. El implacable susurro de las Ficciones. Apaga la luz y enciende la Luna, ver el cielo estrellado no es más que una ilusión. Cierra los ojos, que todo es mentira.
Ficción debe de ser que se me desmonten los huesos por recomponer tu silueta. Son tus palabras temblándome en la garganta, o las sístoles tropezándose con el eco de tu latir. Es fingir. Que me miras, que me esperas, que me abrazas... Fingir que no me escuecen las pecas cuando te siento tan lejos. Lejísimos. Y es que no es cierto que haya adverbios que se dejen medir con un simple puñado de cifras.
Ficción, ficción, ficción... Hace meses que tengo los sentidos amordazados con vendas de incerteza. Se me deshacen los labios desde el día en que me agarraste las muñecas y me hablaste en la boca. Hasta los árboles se han dado cuenta de que es imposible echarte menos de menos. De que es ficción, que las hormigas sientan menos dolor por tener un corazón diminuto.

13.9.08

todavía tú

Vuelves a ser Nadie para no ser tú. Tú. Sila, Mar, Lía... Lía, o un Nadie cualquiera escrito en mayúsculas. En el agua, en la arena, en la piel. No sabes el pánico que me da, vomitar las ganas incondicionales de quererte. Sería horrible ver tu sangre salpicada en las paredes, porque si reviento, sólo habrán restos de ti.
Esta madrugada me desperté helada, buscando a tientas tu reflejo. Como si tu aliento fuese el único capaz de devolverme los latidos, como si respirarte fuese la única razón para dejar de temblar. He acabado de pantalón largo, la ventana cerrada y dos camisetas. Tengo frío cuando estoy triste..
Me matan, sus sollozos. Se me clavan en la espalda, igual que lo hacían sus miradas, cuando disparaba con los párpados dardos de metal que me atravesaban las costillas (y a medio pulmón seguía creyendo que la quería).
Al menos, ahora, si me da por vomitar todo lo que tengo dentro, sabrá a limón, o a vodka, o a fresas, o a vino. Quién lo diría, a mí que nunca me gustó el vino. Sabrá a mil cosas distintas, pero no habrá un solo rastro de tu voz. Será un amargo vacío en el que meter las nostalgias de azúcar, los abrazos de canela, las tristezas de almidón, las sonrisas de lluvia, y de sandía, y de café; tu saudade de papel, los pedacitos de tu sombra de miel -y de hada-, los recortes de tus alas de caramelo... Y sazonarlo todo de indiferencia. Que es lo único que importa, cambiar tu sabor. Esconderte.
Por ser tú. Nadie.
Pero todavía tú...

9.9.08

nada


Ojalá. Ojálá se pudiese vivir de palabras. Y de silencios, y de ausencias, y de estrellas, y de sueños, y del mar.
Pero te odias. Cuando te das cuenta de que es absurdo. De que las palabras te engañan y los silencios, te gritan. Que te asfixias con tus propias mentiras por callarte la verdad. De repente, las ausencias se traducen en apneas. Los vértices de las estrellas te descuartizan la razón, y los sueños.. se parten la cara a base de hostias con la realidad.
Algo va mal, cuando los espejos dejan de mirarte -aunque nunca hayas sido tú quién se mira, por haber preferido que fuesen ellos los que te ven-. Qué coño, si hasta te entra el vértigo por las sornisas y se te empapan las tristezas de llorar. Y es que es absurdo, también, que te de miedo regalar/te caras bonitas.
Caótico. Te pierdes en tu(s) principio(s). Y no hay final. Porque vayas dónde vayas, te encuentras con él. El mar. El mar, por todas partes. Y el vacío. Tu estúpido cúmulo de nada (de nadas que nunca han aprendido a nadar, que se ahogan vagamente hacia Ninguna Parte).


Pero.. ¿y Sila? ¿Dónde está Sila?

5.9.08

asteroides


Hoy he vuelto al pueblo de la carretera de curvas y las casitas enanas. El de la playa de postal antigua, las paredes blancas y las persianas verdes. Siempre me ha parecido que el tiempo corre a cámara lenta en esas calles. Y que el mar huele más a mar, como cuando hace humedad y el salitre se te engancha en las venas. Me encanta. Pienso en cosas bonitas y me apetece secuestrarla. Arrastrarla hasta aquí, porque sé que le encantaría. Si es que a veces lo dejaría todo y me escaparía a por ella, a regalarle las canciones y los lugares más bonitos del mundo.
Aunque quizás no se lo merezca. Quizás.. quizás no deba saber que se me encogen las manos de echarla de menos -y los brazos, y los pulmones, y los tobillos-. Tal vez sea injusto escupírsela a la cara. La verdad, digo. Porque es verdad. Que no puedo soportar que esté triste. O agobiada, o desanimada, o hundida. Se me hace todo enorme. Tan grande, que se me pierden los latidos. Y saldría corriendo a abrazarla con todas mis fuerzas. Pero ya te digo, quizás no se merezca saber que cierro los ojos con todas mis ganas para acercarme a ella y protegerla. Protegerla, ya ves, qué chorrada. Una hormiga a la sombra de un gigante. Porque es pequeña, pero gigante. De esas personas que las desmenuzas y sangran estrellas. ¿Sabes a qué me refiero? A lo mejor nunca debería decirle que me pasaría la vida tejiendo telarañas para envolverle la piel. Que inventaría un planeta diminuto, como el asteroide B 612, para cubrirla del viento. Del sol, del hielo, del mal... ¿Tú qué crees? ¿Se merece saberlo?

1.9.08

arcadas

Es enfermizo. Enfermizo que me den arcadas sus recuerdos. Que me ponga a pensar, y tenga que salir corriendo a vomitar excesos. Me abriría las venas en canal para sacarla de mí. Me destilaría la sangre para disipar su saliva. Sus palabras, sus silencios, sus secretos. Se me parten los labios de seguir escupiendo absurdos. Este jamás efímero y estas eternidades pasajeras. Me agotan los puntos suspensivos, las comas, los suspiros. Que me odie, si quiere. Que yo quiero un punto. Un punto frío y cruel. Si es que a veces.. a veces me dan ganas de arrancarle los ojos y exprimirle las retinas. Y desgarrarle la mirada, para que me olvide.