5.8.08

lunes

El granizado de manzana es igual de verde que la hierba del jardín salpicada del sol del mediodía. Evito pensar en cualquier cosa menos banal. Me aterra ponerme a centrifugar la retahíla de pensamientos que hace cola en mi cabeza desde hace días. Me da pánico porque no quiero más treguas con la tristeza, ni más dudas que me despellejen la razón. Por eso me limito a sonreír haciendo equlibrio con la bandeja repleta de vasos de horchata, escuchando las canciones cutres de la radio y los resquicios de la armónica del tipo de la tienda de golosinas de la avenida.
Y lo llevo bien, de martes a domingo. Por las mañanas me entretengo poniendo helados de mil colores. En cucurucho o en tarrina. Un café largo con sacarina, el granizado de limón para el de la siete, otra caña, un batido con nata montada y el cambio de la chica morena que se espera en la barra. Por las tardes pelo patatas de cinco y media a siete. Después las corto a cuadraditos, para que sean bravas, o larguiruchas, para acompañar. A eso de las nueve empiezan a llegar platos sucios, y no paro de enjabonar, enjuagar y secar hasta pasadas la una. Enjabonar, enjuagar y secar. Los ordeno por tamaños, los platos, y separo los cubiertos metálicos de los de madera. Los tenedores en un bote, los cuchillos en otro y las cucharillas de café a parte.
En el restaurante deben de pensarse que soy algo rara, pero es que así no consigo pensar. Me canso, me agoto. Me reviento y cuando llego a casa caigo en la cama y se me cierran los ojos sin poderlo evitar. Ni siquiera tengo tiempo de soñar. Es mi estrategia. De martes a domingo sonrío sin más. Mi única preocupación son las patatas, los platos y los helados. Pero luego llegan los lunes. Malditos lunes. Me despierto y empiezan a emerger del subconsciente todas las ideas que me empeño en ignorar.
Me tumbo en la hamaca a mirar cómo las ramas de los árboles se dejan agitar por el viento sin rechistar. Y de repente, un pedacito de cielo se acuesta sobre mi cuerpo. Me empieza a pesar más el mundo que las piernas. He dejado de morderme las uñas sin darme cuenta. Y he vuelto a esbozar palabras con lápiz de mina blanda, como si no me importara que soplase el aire y se llevara todo lo que escribo. Pides respuestas, exiges que sienta y mis sentidos llevan días en huelga de latir.
Me miro en el espejo y encuentro fantasmas en cada recoveco de piel. Tengo una sonrisa infinita tatuada en la espalda, un faro y la osa mayor buscando sus coordenadas entre lunares. Nubes y recuerdos apelmazados en el archivo de experiencias y deseos. Mil mentiras y cien verdades. O un par de mentiras y una gran verdad. La estrella que cuelga de su techo revolviéndo mi ilusión. Qué calor, las paredes de mi cuarto sudan incongruencias. ¿Ves la hiedra que trepa por el tronco de aquel pino? Pues me siento igual de enredada. Shh, no digas nada, que si ahora me pones música, le piso los pies al pasado y me pongo a bailar con tu voz.

6 comentarios:

P. dijo...

Aquí la tienen. Arquitecta de proyección, escritora de vocación y pensadora de profesión. Quiero que se la cuide como se hace con los regalos de familia. Éstos tienen tendencia a extraviarse y seguro que todo el mundo ha experimentado esa sensación de angustia ante la simple idea de ser "aquel miembro de la familia que perdió un pedazo de historia de la susodicha". Puedo garantizar que es un sentimiento horrible.
Por eso desde la experiencia recomiendo que nadie la pierda o extravíe, la joya digo, porque en caso de hacerlo dolerá. Y dolerá mucho.

Sé que te había dicho que no iba a escribir más pero esto lo tenía de hace tiempo y me pediste que no guardara nada de lo que había hecho para ti sin enseñártelo.

Es malo evitar pensar y lo sabes. Afróntalo. Si me necesitas estoy aquí para ti. Siempre.

La Penca dijo...

Los lunes a veces son lo peor, pero afortunadamente, se pasan y no siempre son malos.

Yo en ocasiones he hecho lo mismo, estar muy ocupada en alguna actividad (y cuanto más mecánica mejor) para no dejar que ciertos pensamientos acudan a mi mente, porque te vuelves loca...La música cutre también ayuda, claro.

Igual dentro de poco ya no te hace falta lo de fregar y servir helados para evitar que entren los malos pensamientos, pero mientras, te srive, así que duro con ello ;)

Besos.

la chica de Potedaia dijo...

Nada mejor para dejar la mente en blanco de ciertas cosas que ponerse a currar como un loco. Llega la noche y en vez de dar vueltas con imsomnio caes redondo del cansancio.

Meike dijo...

Ai, pues yo cuando me siento así, tiro de La Casa Azul o La monja enana.


No hay nada mejor que gritar tus "penas" con una sonrisa enorme en la boca.

Hangelus GirL dijo...

Pues resérvame un hueco de sábado a domingo, porque si no me lo impide nadie iré a por ti este fin de semana. Y que el lunes sea lo que Dios quiera.

David dijo...

T'he ficat a la llista de "Blogs amigos", sóc el novio de la Carla (que fea és la paraula "novio", eh?) enfin, pues eso!!