29.8.08

Retrospecciones


Ronronean las ardillas persiguiéndose en espiral por el tronco rugoso del árbol. Un hilo de hormigas resigue el riel de resina que sube por las escaleras del jardín. A los pinos les ha dado por llorar estos días. El reloj le resta a agosto su penúltimo atardecer mientras los minutos resbalan al pasado a ritmo de cuentagotas. Se escurren cuatro rayos de sol entre las ranuras de la persiana y retumban tus abrazos en mi interior. Me crecen escalofríos en las rodillas cada vez que rozo sin querer los destellos de tu voz. Que no, que hoy no quiero que me rimen las palabras. A ratos tengo la sensación de que me va a estallar la cabeza, de que me van a reventar las neuronas. Y es que el rumor de la inseguridad sigue carcomiéndome los tímpanos. Prefiero las resacas de fiesta que de ti. Tu resaca hace que me rilen hasta los huesos. Silba un búho en re menor. Qué rabia, irme a dormir. Cierro los ojos y mi subconsciente reanima a corazón abierto tus recuerdos. Rebobino y rebusco en la memoria el puñado de instantes que revelamos aquel día con la alquima de la mirada. Tus pupilas de chocolate revolviéndose en mis retinas. Si se le pudiesen hacer radiografías a los sueños, en los míos sólo se distinguirían rastros de ti. Y eso que lo intento, intento buscar ráfagas de aire para deshacerme de tu silueta, pero nada, que ni las radiosondas ni el hombre del tiempo anuncian un solo resquicio de viento. No entiendo por qué sigo guardando reservas de ilusión en la recámara de lo imposible. Se me hace tan raro, echarte de menos. Esto me pasa por robar pedacitos de tu respiración cuando bajas la guardia y se ralentizan tus reflejos, por raptarte suspiros y escondérmelos en los recovecos más recónditos de la piel. Pero es que sólo de oír tu sonrisa se me curan los rasguños. Es como si fuésemos dos piezas de un rompecabezas que no encaja con la realidad. Joder, si es que a veces me revisto de rayas para sentir el revuelo de tus palpitaciones en mi pecho, y otras.. otras arrancaría la moto y dejaría escapar entre los ronquidos del motor las ruinas de tu sueño. Y me largaría. Soltaría las riendas de este sinsentido y me escolaría por cualquier grieta del vacío. Hay días en que me canso tanto de girar en este círculo de incertidumbres de radio infinito que inventaría un sistema de retropropulsión para fugarme a otra galaxia, a otro rincón perdido del universo. No puedo escribir este montón de palabras con erre y no incluír retahílas, aunque no le haya encontrado ningún recodo que ocupar. ¿Te vienes al rompeolas? A echar al mar el revoltijo de tristezas que me retuercen la razón. El corazón ya se me ahogó hace tiempo entre los reflejos de la luna. Lo sabes de sobra, ¿verdad? Que las ganas reprimidas se rebelan contra la ética. Debería deshacerme de esta estúpida manía de sentir retrospecciones. Y convertirme en réptil (para recortarme todas las escamas con retazos de ti y despellejarme).

25.8.08

incertezas

Estuve a punto de hacerte una cometa con un armazón de cañas secas y un trozo de tela vieja. Le iba a atar un montón de anzuelos en la cola, para que enganchases todos los retales que aún te quedan de mí y los echases a volar.
Odio esta incerteza. Estas ganas de todo y de nada. Este desquererme tan bien a ratos y quererme tan mal a veces -escasas-. Hay días que maldigo la hora en que me dio por sentir. Se me daba mejor ser de piedra. Vestirme cada mañana con la máscara de indiferencia y tragarme los secretos.
Me he pasado la tarde en el videoclub leyendo sinopsis. He salido a la calle y no me he dado cuenta de que llovía hasta que se ha puesto rojo el semáforo de la estación. Cualquier día de estos me meto en el congelador, a ver si consigo que se me hielen otra vez las entrañas.
Ojalá resbalase todo como la lluvia por las paredes.

24.8.08

tormentas


Qué grande se me hace la casa cuando estoy sola. Enorme. Crecen las paredes y se multiplican las baldosas del pasillo. Anoche hubo tormenta. Te aliaste con los truenos. Tu voz con los relámpagos y mi tristeza empalagosa con la lluvia. Se me revolvió la sangre de tanto estruendo. ¿No has tenido nunca la sensación de que se te agrietan los huesos? Y te sientes tan débil que tienes que cerrar los ojos para que no se te doblen las rodillas.
Estuve a punto de llamarla para que viniese a abrazarme flojito mientras dormía, pero me dio miedo largarme a media noche y dejarla con mis ausencias vestidas de indiferencia. Se me cayó el techo encima. El viento cerró las puertas de golpe y se resquebrajaron todas las esquinas. Y se me enredaron las venas y me empecé a sentir diminuta. Se me encogieron las muñecas, y las pestañas, y los tobillos.
Fue una putada. Acostarme con los retazos de tu olor enganchados en la piel y no dejar de soñar con ella. Me dormí con la camiseta de las mangas rayadas. La de invierno, sí. Es que se me congelaban los pulmones por momentos. Esta mañana ha vuelto a amanecer nublado. Tengo unas ganas de que se termine el verano ya.. Que el mar vuelva a ser gris y que a los domingueros les entre la alergia a la playa.

Se me hace tan raro tener que buscar excusas para echarla de menos...

18.8.08

antípodas


Hace días que no estoy en la Tierra. Que no estoy, en ninguna parte. Ni en la Tierra, ni en la Luna, ni en Plutón. En aquella estrella, tal vez, ¿cómo se llamaba? Ah, sí, Casiopea. Quizás esté allí, en las antípodas del universo, y por eso me cuesta tanto encontrarme. Me siento tan sumamente perdida...
Es como si todo hubiera empezado a dar vueltas y yo me hubiese quedado estática, anclada al suelo de no sé que estúpida realidad alternativa. Porque los sueños son simples realidades alternativas, ¿verdad? Claro que sí, si no, de qué iba a ser posible vivir algo onírico en este planeta de mierda.
Pues eso, que el mundo empezó a girar y a tambalearse. Vueltas y más vueltas. Y más, y cada vez más, y lo que comenzaron siendo círculos concéntricos acabaron por convertirse en los brazos infinitos de un enorme espiral. Un bucle de sinsentidos abismales. Rozaba el vacío con los zapatos y me entró el vértigo. El vértigo y el mareo. Y todo iba tan rápido que de repente desaparecí. Supongo que me caí, o me escurrí sin darme cuenta por una de esas grietas que se abren a la Nada.
Ahora estoy que no estoy. Debo de andar perdida por algún que otro rincón del Infinito. Lo jodido es que mientras mi sombra me busca, mis manos persiguen a tientas las esquinas de tu silueta. Y mi cabeza.. mi cabeza se desespera intentando encontrar el destello intermitente de cualquier puerta de atrás. ¿Tú crees que aquí hay salidas de emergencia?

14.8.08

rayas

Sonaba Cósmica en la radio justo cuando entraba en la heladería. Qué casualidad, hubiese pensado en otro momento. Esta mañana, sin embargo, me ha entrado esa especie de tristeza que me empapa los nervios y las ganas de todo. Tenía los ojos medio cerrados aún y las rayas de las sábanas enganchadas en la mejilla. No me preguntes por qué, porque las cuatro horas que he estado metida en la cama me las he pasado susurrándole secretos al silencio.
Miro a mi alrededor y todo son rayas. Las de las sábanas, las del pañuelo de hilo que me compré en los hippies de la playa, las del pantalón del pijama, las de las cortinas, las de la camiseta que llevabas el otro día, las del colchón de la piscina.. Rayas y más rayas, por todas partes. Es como si estuviese encerrada en una celda de barrotes descomunales. Joder, así es imposible escaparme de ti.

Tengo un millón de palabras que escupir y la sensación de que las suelte donde las suelte van a rebotarme en la cara. No me dediqué a hacer malabares con sus sentidos. Me lié con los míos, que es distinto. Que soy especialista en hacer equilibrio sobre la cuerda floja de la inseguridad...

5.8.08

verdades


Podría ponerme a hablar de nostalgia. O llamarte para decirte simplemente que he dejado de pensar en ti. Sin puntos suspensivos, a secas. Y que a ella, la echo de menos. Podría decirte que vuelvo a tener su fantasma sobrevolándome la cabeza, o que bajo cada viernes a escudriñar el mar para encontrar entre el salitre los posos de sus silencios.
Que a ti dejé de extrañarte hace días. Que metí en un saco nuestro puñado de instantes y lo abandoné bajo la lluvia, esperando que se tonrasen líquido todos los minutos que le presté a mis labios para colgarse de tu boca. Porque no te quiero revivir. ¿Sabes? Hasta podría soplarle al viento los escalofríos que mellan en mi espalda saciados de tu ausencia. No es tu voz la que circula por mis venas, ¿no me crees?
No, no me creas. Que también podría asegurarte que tus sueños me siguen sacudiendo el corazón. Que no me atrevo a mirarte por miedo a que me cosas las heridas con abrazos. Y que me comen resquicios de rabia cuando te veo planear viajes sin mí a mis destinos. No me puedo deshacer de tus palabras, de tus pronombres, de la sarta de verbos atados al compás binario de tus pestañas. Podría decirte que te quiero. Podría, todo podría ser.
Pero... ¿y la verdad? Porque todo podría ser cierto. Mi verdad. O la tuya. O la única, si es que existe. La única verdad. ¿Cómo voy a asegurarme de que no me miento? Y tú.. ¿qué harás para creerte que no te engaño? Que yo nací con un manojo de inseguridad en cada bolsillo y nunca he sabido muy bien en quién tengo que confiar, si en los sentidos, en los sueños, en las miradas, o en los absurdos e ilógicos pilares de la razón.

lunes

El granizado de manzana es igual de verde que la hierba del jardín salpicada del sol del mediodía. Evito pensar en cualquier cosa menos banal. Me aterra ponerme a centrifugar la retahíla de pensamientos que hace cola en mi cabeza desde hace días. Me da pánico porque no quiero más treguas con la tristeza, ni más dudas que me despellejen la razón. Por eso me limito a sonreír haciendo equlibrio con la bandeja repleta de vasos de horchata, escuchando las canciones cutres de la radio y los resquicios de la armónica del tipo de la tienda de golosinas de la avenida.
Y lo llevo bien, de martes a domingo. Por las mañanas me entretengo poniendo helados de mil colores. En cucurucho o en tarrina. Un café largo con sacarina, el granizado de limón para el de la siete, otra caña, un batido con nata montada y el cambio de la chica morena que se espera en la barra. Por las tardes pelo patatas de cinco y media a siete. Después las corto a cuadraditos, para que sean bravas, o larguiruchas, para acompañar. A eso de las nueve empiezan a llegar platos sucios, y no paro de enjabonar, enjuagar y secar hasta pasadas la una. Enjabonar, enjuagar y secar. Los ordeno por tamaños, los platos, y separo los cubiertos metálicos de los de madera. Los tenedores en un bote, los cuchillos en otro y las cucharillas de café a parte.
En el restaurante deben de pensarse que soy algo rara, pero es que así no consigo pensar. Me canso, me agoto. Me reviento y cuando llego a casa caigo en la cama y se me cierran los ojos sin poderlo evitar. Ni siquiera tengo tiempo de soñar. Es mi estrategia. De martes a domingo sonrío sin más. Mi única preocupación son las patatas, los platos y los helados. Pero luego llegan los lunes. Malditos lunes. Me despierto y empiezan a emerger del subconsciente todas las ideas que me empeño en ignorar.
Me tumbo en la hamaca a mirar cómo las ramas de los árboles se dejan agitar por el viento sin rechistar. Y de repente, un pedacito de cielo se acuesta sobre mi cuerpo. Me empieza a pesar más el mundo que las piernas. He dejado de morderme las uñas sin darme cuenta. Y he vuelto a esbozar palabras con lápiz de mina blanda, como si no me importara que soplase el aire y se llevara todo lo que escribo. Pides respuestas, exiges que sienta y mis sentidos llevan días en huelga de latir.
Me miro en el espejo y encuentro fantasmas en cada recoveco de piel. Tengo una sonrisa infinita tatuada en la espalda, un faro y la osa mayor buscando sus coordenadas entre lunares. Nubes y recuerdos apelmazados en el archivo de experiencias y deseos. Mil mentiras y cien verdades. O un par de mentiras y una gran verdad. La estrella que cuelga de su techo revolviéndo mi ilusión. Qué calor, las paredes de mi cuarto sudan incongruencias. ¿Ves la hiedra que trepa por el tronco de aquel pino? Pues me siento igual de enredada. Shh, no digas nada, que si ahora me pones música, le piso los pies al pasado y me pongo a bailar con tu voz.