5.7.08

días


Esta tarde he bajado en bici hasta el puerto. Me apetecía pedalear con las zapatillas verdes. Había nubes de arena en la playa. Soplaba con tantas ganas el viento, que por un momento he tenido la sensación de que se me llevaba hacia atrás. El mar agitado, bandera amarilla y medusas de color marrón. Los chiringuitos estaban a reventar, julio va sumando días y en la orilla empiezan a faltar huecos para tender la toalla. Me he dedicado a escupir besos al aire mientras esquivaba guiris rojizos por el paseo; hoy me he visto incapaz de retenerlos todos en la boca -los besos, digo-.
He vuelto a subir a casa con el sol de cara y un ojo cerrado. Nunca he entendido por qué guiño inconscientemente el ojo derecho cuando me deslumbra la luz. Había globos de muchos colores en una de las puertas de las casas adosadas y estaba la calle repleta de niños. Si me hubieran preguntado cuántos años tenía, les hubiese contestado que dieciséis. Me siento igual de perdida que entonces.
No sé cuánto rato me he pasado con los pies metidos en la piscina. Me he dado un chapuzón antes de que se me congelaran las piernas. Luego me he enrollado con la toalla y me he quedado embobada mirando mi ventana desde el jardín. He esperado a que me secara el viento y he acabado tiritando. Iba a quedarme en casa esta noche, me apetecía ver una peli de esas que luego me dejan con antojo de abrazos, pero al final he salido a comer algo con ellos. He pensado que si me quedaba sola en el sofá te extrañaría más de la cuenta.
Hacía frío en la terraza del restaurante. Me encanta enredarme el pañuelo en el cuello en verano. Y pasear con chaqueta y la piel de gallina después de cenar. He desabrochado una estrella y me la he guardado en el bolsillo del pantalón. Mañana la devuelvo a su sitio, pero es que esta noche se me hará imposible esquivar los huecos que cava tu ausencia en mi cama. Serán siete ya, los días que llevamos sin vernos. No son tantos, ya lo sé; pero qué quieres, nuestra máxima no superaba los dos.
Siete días multiplicados por un montón de kilómetros de distancia. Lo siento, tienes razón. No puedo pedirte que me eches de menos tan solo porque se me haya olvidado pasar por la tintorería a recoger el traje de heroína. Igual que tampoco puedo pedirte que me cuentes las ganas que tienes de verme sólo porque hoy esté más tonta de lo normal. Me tiemblan las rodillas si te pienso. Tengo el estómago revuelto, pero eso creo que ya es del café. No preguntes, no, que yo tampoco entiendo por qué sigo tomando café si sé que luego me sienta fatal. También he vuelto a servir horchatas y granizados, con lo torpe que soy haciendo equilibrio con la bandeja.
Parece que me ha dado por pensar con los tobillos, por no decir con la uña del dedo meñique del pie. Mi cabeza parece una lavadora, son las tres y llevo una hora mirando la grieta que nace en la esquina pared. Odio mis pies, ¿no te lo había dicho?

7 comentarios:

la chica de Potedaia dijo...

Deberías hacerte poeta... ;)

Farera dijo...

Yo tambien tenia cierto odio hacia mis pies, hasta que estube a punto de quedarme coja y empece casi a amarlos y a respetarlos por completo. jajaja

Te estas leyendo el libro? Espero que lo disfrutes tanto o mas que yo, es uno de los grandes libros que han pasado por mis manos, y te lo dice una ratoncita de biblioteca eh..!

Anónimo dijo...

lo siento
te mereces algo mejor
sólo quiero que hagas algo por mí...sigue tus sueños, escribe.

estoy mur orgullosa de que tus sonrisas hayan visto la luz.

Pauline dijo...

Siempre hay días buenos y malos, los unos y los otros pasan y siempre dejan de dolernos los pies...un besito guapa.

Meike dijo...

Je, ya lo sabes, cuando leo cosas como estas, me convierto en una madraza.

Y me entran ganas de gritar.."eh, a ésta! cuidémosla todos!"

Y achucharte un poco, para que sonrías :)

Paula dijo...

jo, me ha encantado lo de la estrella. Ya te estoy imaginando de puntillas y con el brazo medio desencajado... :p.

Yo tengo la manía de fijarme en los pies y en las manos, sobre todo en las manos. ¿Alguna teoría al respecto?

Un besito grande, catalana!

Gui"laine" dijo...

Me he llegado a molestar mirándome los pies, no a odiarlos, pero no es mi fuerte. Me gustan mis manos y mi boca (me encanta!).

Me quedo con esta línea: "Igual que tampoco puedo pedirte que me cuentes las ganas que tienes de verme sólo porque hoy esté más tonta de lo normal. Me tiemblan las rodillas si te pienso".