15.5.08

kilómetros


Me da rabia, que no estés. Que estés, pero demasiado lejos. De repente se me ha hecho infinita la distancia que distingue nuestros silencios. Y algo tendré que hacer para acostumbrarme a estos años luz, porque a ti te conocí de cerca y te aprendí a sentir así, a mi lado, y ahora no sé encajar tu sombra en el cajón de lo lejano. Vale, sí, que los kilómetros siempre han sido los mismos, pero antes me las apañaba para medir los metros en susurros, los centímetros en abrazos y hasta había conseguido cronometrar el tiempo con algún que otro suspiro. ¿Acaso no te acuerdas?
Ahora los kilómetros son kilómetros y punto. Muchos, además. Y tus palabras abrazan poco. Se enfrían, ¿no lo notas? Por eso las mías las meto cada noche en la nevera, antes de acostarme. Las palabras y los sueños, porque si le hiciera caso a mi inconsciencia seguiría soñándote bonito.
Es irremediable.
Pero tendré que acostumbrarme, a sentirte fría. O a no sentirte, directamente. Para cuando no estés. Algo así como meter el paraguas en el bolso el día que el cielo se enfunda de gris. Que no siempre que hay nubes acaba por llover, pero hay que prevenir, o eso dicen. Y tú un día de estos te acabarás marchando, ¿verdad? De puntillas, sin despedirte... No me mires así, anda, que sé que llevas meses hilvanando excusas y recogiendo tus trastos. Te irás, como todos los demás. Desaparecerás y el mundo seguirá con su incesante fluir.
Ahorraría en tristezas si para entonces tu ausencia ya estuviera acomodada en mi bolsillo. Así que mañana empiezo. Me levantaré temprano y me pondré a descoser tus retales de mi piel. Cada día pintaré de invisible un pedacito tuyo, hasta convertirte en invisible. Será jodido engañar a los sentidos, pero bueno, supongo que si aprendí a sumar los kilómetros en abrazos, tiene que haber algo, también, con lo que poder factorizar y simplificar tu silueta. Sólo debe ser cuestión de encontrar el qué, la fórmula, la ley...
Aunque, si te soy sincera... a la práctica nunca he sabido ser previsora. Siempre he sido de olvidarme los paraguas y mojarme con la lluvia. De empaparme mirando el cielo y luego esperar a que el aire me seque el pelo, la ropa y los sueños.

7 comentarios:

la chica de Potedaia dijo...

La verdad es que yo también... me hace sentirme viva ^^

Anónimo dijo...

Bonita manera de describir el principio de un fin.

Besos, burbujas, abrazos, susurros y sonrisas... ;)

sparkling

Meike dijo...

Pues si quieres yo te saco a pasear esos días. A mi no me importa mojerme un rato :)

Un abrazo como tú de enorme.

:)

Paula dijo...

mmmmm... me han robado el paraguas y te estás convirtiendo en mi principal sospechosa... a estas altura ni los kilómetros te sirven de cuartada!
hale, te has quedao sin besos :p

jooo de verdad... que me encanta ponerme las katiuskas y que me cale la lluvia, pero no puedo llegar a flote a todas partes!

Meike dijo...

¡Pero que bonita eres, leñe!

:)

Carla dijo...

"Ahorraría en tristezas si para entonces tu ausencia ya estuviera acomodada en mi bolsillo"

Me encanta :) Ojalá esa persona estuviera aquí en todo momento. Debemos prepararnos para cada adiós, pero la mayoría de veces nos pilla desprevenidos.

Gui"laine" dijo...

Acostumbrarse a sentir al otro frío... Uyyyy! Te complica la existencia rápidamente.