1.5.08

esperas


La chica de aquella historia también llevaba colgado en la espalda uno de esos tubos alargados para guardar sus dibujos. Y el pelo corto. ¿La recuerdas? Camisetas con capucha, pantalones desgastados y un lápiz con papelitos a medio escribir en el bolsillo de atrás. Siempre esperaba el metro de pie, con la espalda apoyada en la pared y un zapato pisándose el otro. Vivía en un otoño contínuo y sonreía discretamente cada vez que veía asomarse por las escaleras del andén las piernas de aquel chico de la mochila gris y el pelo castaño. Solía llevar una carpeta verde, de esas de tamaño dinA3, y los dedos manchados de grafito. Le latía el corazón a mil por hora cuando él, sin a penas mirarla, se iba acercando, se descolgaba la mochila y la sujetaba entre los pies, y se apoyaba a menos de un metro de ella, a esperar el metro, en la misma pared.
A veces sí que se les cruzaban torpemente las miradas, se encontraban en el aire con la espontaneidad con la que se cruzan las miradas desconocidas, y ella apartaba los ojos sutilmente mientras sentia hormigas serpenteándole en las rodillas. ¿Te acuerdas o no? Se llamaba Sila, creo. Espera, qué tonta; cómo te vas a acordar si cuando escribí esta historia ni siquiera sabía que existías. Buf, a veces creo que me gustaría volver atrás. Deshacer unos cuantos recuerdos y volver al punto ese en el que aún era incapaz de imaginar que podía llegar a conocerte... Tener diez años otra vez y volver a contar estrellas sin tener la sensación de que es la manera más absurda de perder el tiempo; ser inconscientemente feliz, ¿te imaginas?
A lo que iba. Que esta tarde me he sorprendido cuando he visto que era yo. Hasta me he asustado un poco y todo. Sila soy yo. Aquella chica de los dibujos y las capuchas, indecisa y soñadora. Creo que soy yo. Me he dado cuenta cuando se ha parado el metro frente a mí y me he visto un instante reflejada en la ventanilla. Apoyada en la pared, con el tubo colgando, esa forma tan extraña e insegura de pisarme los pies y un puñado de letras sin sentido en el bolsillo de atrás de los pantalones. Y ella, que nunca ha sido él, esperando a mi lado.
Se me hace raro identificarme con el personaje de un cuento que escribí hace tanto tiempo. No sé si significará algo o si es simplemente una estúpida casualidad. ¿Tú que crees?
Hay días en que dudo si espero el metro, o si lo que espero es que se fije en mí. Que me preste medio segundo su mirada y sea capaz de sujetársela sin disimular. Uno de esos viernes en que el andén esté repleto de gente se lo meteré en la carpeta, sin que se dé cuenta; un papelito, pequeñito, escrito a lápiz: "línea verde, tercera parada, segundo vagón. ¿me esperas o te espero?"

5 comentarios:

belga_seg dijo...

Quién no ha sido Sila alguna vez?... los que no tienen metro no saben lo que se pierden de vez en cuando ;)... preciosa la historia, os he imaginado a ti, a Sila, a él, a ella... perfectamente... ¡qué bonito todo lo que escribes!
un beso, caperucita!

Meike dijo...

Me gustan tus post largos y con sentido.


:)

Paula dijo...

a mí me encanta viajar en metro e imaginarme las vidas de los demás, sus historias... y también he sido Sila alguna vez...

un besito... futura arquitecta? ;p

la chica de Potedaia dijo...

Me ha fascinado el post :)

Anónimo dijo...

Jo no viatjo en metro i no comento i llegeixo i...

Un petó dins d'una bombolla blava. ;)