21.5.08

columpios


Un murciélago me acaba de sobrevolar la cabeza. Qué silencio tan extraño y qué alas más bonitas. Parecen de papel de cebolla empolvado de gris. Flácidas pero elegantes.
He confundido la luna con la ventana de la casa del vecino. Es mago; un día, hace mucho tiempo, se le escaparon las palomas blancas. Me acuerdo que antes las tenía en una jaula enorme, en el jardín. De pequeña me pasaba las tardes en el patio del columpio mirándolas a través de la verja de cipreses. El columpio era rojo y tenía el asiento de madera. Una vez se enfadaron conmigo porque lo pinté de azul con la pintura que le había sobrado a mi padre de la piscina.
Antes, cuando aún nos acordábamos de sonreír, la pintaba cada primavera de azul muy clarito, por esta época, a mediados de mayo. Luego la llenaba con la fuente del pez que sacaba agua por la boca. También cortaba el césped y se subía al tejado a barrer. A mí me daba una envidía tremenda verlo ahí arriba y me sentaba en el columpio, agarraba las manos a las cadenas y me balanceaba con las piernas lo más fuerte que podía. Quería rayar el cielo.
Ahora lo echo de menos. El columpio y las sonrisas. Lo desollaron cuando creyeron que ya no tenía edad de utilizarlo. El vecino también trasladó las palomas y el patio se quedó hueco. La fuente del pez dejó de funcionar y dejamos de pintar la piscina.
Tengo unas ojeras de campeonato y unas ganas enormes de escapar. Son casi las dos y aquella estrella no para de mirarme. Me gusta respirar de noche en la terraza. Con pijama. Sentir que el frío del suelo se cuela entre las rayas de los calcetines y contar luciérnagas.
Ayer aprendí que no es lo mismo gastar que perder el tiempo. Sutil diferencia. Sin embargo esencial. En clase no paran de repetirnos que el mundo no es horizontal. Claro que no, qué chorrada. Si fuera horizontal no existirían las escaleras. ¿Cómo iba a subir yo entonces a esconder la nostalgia detrás de las nubes?

4 comentarios:

Anónimo dijo...

La infancia siempre se echa de menos, ¿verdad? Todas esas tareas que nos encomendaban nuestros padres, olores y colores, como el azul muy clarito de la pintura...

Es bueno tener lugares a los que regresar. :)

Besos, grandes. Como la luna de anoche...

sparkling

Pauline dijo...

La infancia siempre es momento de despreocupación y diversión pero tampoco está mal ir haciéndose adulta si sabes aprovechar el tiempo, gastándolo bien incluso cuando pierdas un poco de ese tiempo. un besazo guapa

Paula dijo...

un día de éstos me prestas la escalera y me enseñas a esconder todo lo que no me gusta detrás de las nubes...
muaaaaaaaaaka

belga_seg dijo...

como a estas alturas decirte lo bien qué escribes puede resultar repetitivo... te diré que me ha conmovido la frase "antes, cuando aún nos acordábamos de sonreír"... me ha recordado a una amiga que tituló una de sus fotos "cuando era feliz"... siempre me pareció el título más bonito que podía tener esa foto, pero no me dejaba de sonar muy triste... igual que tu frase...
un beso grande!...