28.3.08

música para las hadas


Tenía que asegurarse de que el mundo dormía. Sólo entonces podía deshacerse de las sábanas, ponerse uno de sus jerseys con capucha sobre el pijama y saltar de la cama. Abrir la ventana sin hacer el más mínimo ruido y subir al tejado por la escalera de madera que escondía entre los arbustos del jardín. Una vez allí, bastaba con lanzar una cuerda hacia el cielo y mandarle un guiño a la Luna para que la amarrara en alguna de sus esquinas. Trepar y trepar hasta llegar a alcanzar uno de los vértices impares de aquella estrella, la que brilla trece grados al norte de Orión, a tres años luz de Casiopea.
Subía hasta ahí arriba haciendo de trapecista y se sentaba en un rincón. Sacaba la brújula del bolsillo y buscaba los latidos de aquel hada entre las lucecitas diminutas del planeta del que acababa de escapar. Cuando la encontraba, cerraba un ojo y hundía la otra mitad de su mirada en el caleidoscopio sideral del universo. Le daba un par o tres de vueltas, hasta encuadrar el objetivo. Ponía en pausa su reloj y la miraba. Ella, como el mundo, también dormía.
Podía pasarse la noche entera mirándola respirar… Sus alas deshilachadas tejidas con hojas secas de otoño. Y su piel anaranjada, de amarillos viejos, marrones rojizos y verdes oxidados. Tacto de melocotón y labios de canela. La miraba respirar y le contaba los lunares que escondía detrás de la oreja. Le esbozaba besos sobre los párpados con hilos de algodón y la tapaba con algún abrazo cuando el frío se le enredaba con los suspiros. Cuando las campanas del infinito tocaban las doce, abría el cajón de su colección de vinilos y le susurraba muy muy flojito en el oído: ¿qué quieres escuchar esta noche? Se esperaba un instante y, como si le hubiera contestado, echaba un vistazo al posible repertorio y sacaba cualquier reliquia. Soplaba suavemente para desintegrar las motas de polvo y la colocaba sobre el plato del gramófono. Cogía el brazo de la aguja con el dedo índice y el pulgar, y lo desplazaba con todo el cuidado del mundo sobre los surcos en espiral de una de las caras del disco. Luego lo soltaba, lentamente, y la música empezaba a sonar.
Se dilataba el sonido, se transformaba en eco y en pocos segundos se perdía en el vacío espacial. Y ella, con su pijama, su capucha y sus calcetines a rayas, no podía dejar de mirarla... Perdía la noción del tiempo inventándole cuentos y siempre le pillaba el tren del amanecer. Entonces, con prisas, recuperaba el silencio y guardaba los vinilos en el cajón. Descosía sigilosamente los abrazos que había enganchado en la piel del hada y le soplaba los buenos días bajo la almohada. Sólo a veces, muy pocas, se atrevía a ignorar su timidez y le dejaba torpemente uno de esos besos de azúcar sobre la ceja.
Bajaba por la misma cuerda de antes, burlando el equilibrio, y le daba las gracias, una vez más, a la Luna. Por guardarle el secreto y amarrarle los sueños. Se deslizaba cielo abajo y volvía a aterrizar sobre el tejado de casa. El mundo empezaba a desperezarse. Deshacía sus pasos por la escalera y entraba por la ventana que había dejado entreabierta. Se metía en la cama con una sonrisa, se escondía debajo de la manta y cerraba los ojos justo cuando el sol empezaba a bostezar.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Devuelvo visita y me sorprendes con este encantador cuento...

Besos de Venus. Burbujas de Poseidón...

sparkling

belga_seg dijo...

madre mía, vaya cuento bonito!!!! pero tengo una duda... y se la perdía de día?? eso va a haber que arreglarlo eh? porque las sonrisas inconscientes cuando una sueña dormida son bonitas, pero las sonrisas conscientes cuando una sueña despierta.... pueden llegar a ser preciosas! así que vamos a tener que invertirle el turno de guardia alguna vez ;). qué te parece si aprovecha algún eclipse??
un besito!! me ha encantado

la chica de Potedaia dijo...

Me ha parecido un cuento precioso :)

Paula dijo...

bufff, y ahora que me has subido hasta la luna cómo quieres que baje? creo que voy a volver a leerte desde aquí arriba, a ver si las estrellas me quitan la tontería... incredible!

caperucita dijo...

sparkling: las hadas son unos de esos personajillos inalcanzables... ¿no crees? ^^
sonrisas de abril :)

belga_seg: sí, de día se la perdía... Buena idea lo de los eclipses ^^ Se lo contaré esta noche al oído, a ver si a ella también le parece bien. Besitos!

potedaia: lo malo es eso, que sólo es un cuento. Un día de estos tendré que plantearme el dejar de soñar... (como aquel que dice que va a dejar de fumar...).

paula: ¿estas en la luna? nos encontraremos por allí entonces... :) siempre le podemos pedir a algún cometa que nos deje su paracaídas para volver a la Tierra :P

illeR dijo...

Cabe mas gente en la luna? Yo me apunto a subir!!