7.3.08

cuentos


Me mareo de cansancio y de sueño. Hace dos semanas que a penas duermo. Que tengo un nosequé habitando en el estómago que no hace más que revolverme los nervios. Me cuesta respirar, ¿sabes? Se me tapona la válvula de la garganta cada vez que intento colar un hilo de oxígeno por la tráquea para ventilarme los pulmones. Sólo puedo tragarme gritos, no consigo filtrar nada más que palabras y ganas, que en algún lugar de mi interior se transforman en el silencio que disfraza todo lo que mis labios están deseando contar.

Así que hace dos semanas que no me alimento de nada más que mi voz y mis ganas, de llorar, de verte, de explotar, de fugarme a Plutón, de llevarte a la Luna, de dejar de existir, de quererme olvidar… Y cada vez estoy más ahogada, por falta de aire y por miedo. Se me está aguando la sangre y mi corazón se tropieza cada vez que las sístoles hacen latir en su interior algún coágulo de la ilusión que guardo diluida en las venas. Las piernas me flojean cuando te pienso sin querer, porque ya no sé canalizar adecuadamente mi memoria para que salgas únicamente cuando me apetece sacarte.

Estoy enredada entre icosaedros, perdida en un bucle de estructuras de hormigón, de sistemas de fuerzas hiperestáticos, de polígonos funiculares, regiones extruídas y ecuaciones sin solución. Y a ti te tengo escondida entre un montón de peldaños de las escaleras que construí cuando se me despertó la curiosidad y el (des)interés por la arquitectura. No sé dónde meterte…

No sé cómo contarte que eres el único cuento con el que me duermo. Que es por eso que el insomnio ha vuelto a encontrar un hueco acogedor en mi cama, entre tu ausencia y mi cuerpo. Porque no te quiero contar, ni inventarte, ni seguir tejiéndote alas de hada con pedacitos de estrellas, porque no quiero seguir soñándote cada noche, aunque soñarte sea el requisito imprescindible para dormir.

Y la cabeza sigue dándome vueltas, de cansancio y de sueño. En el fondo la única razón por la que no quiero soñarte es esa estúpida sensación que me dice que este camino no me lleva a ninguna parte. Que debería tocar de pies al suelo y dejar de volar con las alas partidas. Porque ya me conozco y me ilusiono con cualquier cosa. Y luego me caigo y me parto en mil, y me cuesta una eternidad reconstruirme. No debería seguir cavándote huecos en mí… Pero hace dos semanas que a penas duermo y necesito descansar. No puedo más…

Creo que esta noche esconderé la cabeza bajo la manta y me entretendré a coser entre las rayas verdes y azules del edredón los retales de abrazos que encuentro en la cama cada día cuando despierto [los esbozo inevitablemente mientras duermo, abrazos para ti que se caen de esa dimensión desconocida donde vuela el subconsciente cuando a Morfeo se le revelan los celos y me sacude los sueños]. Luego apagaré la luz y cerraré los ojos, sin evitar encontrarte…

Me rindo ante mí... Es un poco triste, pero es que la ansiedad, los agobios, el cansancio, el miedo y el millón de dudas que me invaden el cerebro pueden conmigo. Que sí, que gran parte de ellos surgen por ti, pero que contigo es de la única forma que se me pasan.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Díselo. Recuérdaselo si alguna vez lo supo. No te arriesgues a inventarla. Y no olvides que ningún camino conduce a ninguna parte. Así que tranquila.

Besos, burbujas, cosquillas. Azules.
sparkling

la chica de Potedaia dijo...

Estaba pensando alguna cosa en plan filosófico para ponerte aquí pero me parece que no me da para más este cerebro de corcho que se me ha quedado... pero como siempre, precioso :*

caperucita dijo...

sparkling: ningún camino conduce a ninguna parte, tienes razón... pero todas las "ningunas partes" son distintas... ¿no crees?
Se lo diré, cuando me salga la voz, no lo dudes.
más cosquillas, y más besos, y más burbujas. Verdes, ahora :)

potedaia: ¿cerebro de corcho? ya será menos... ;) como siempre, gracias :**