19.10.07

ensueños de otoño


Otoño otra vez. Y las ganas de enredar mis pasos con tus huellas. Mi sombra pintada en la acera con tu silueta, y tus manos haciéndole cosquillas al vacío de mis bolsillos. El mar desteñido y la playa desierta. Para ti y para mí. Para coser las olas y las nubes grises con los hilos de tu bufanda a rayas de colores. Caminar por la azotea de las tormentas de anochecer, o de media mañana. Correr sin paraguas y perder la cuenta de las gotas que me salpican de las pestañas a la nariz. Pensar en ti, con el pelo empapado, mientras mi reflejo me mira desde el cristal de la ventanilla del metro, mi sonrisa de imbécil y los sueños que dejo bajar en cada estación. Llegar a cubierto y que tus palabras sequen mi silencio; escucharte, sin mirar el reloj. Tu piel diluyendo mi frío. ¿Lo oyes? Siguen lloviendo hojas secas al compás de aquel vals que el viento baila con las ramas desnudas de los árboles de la calle.

Domingos de cine y paseos laberínticos por los callejones del gótico, del raval, o de cualquier sitio, sin ir a ningún lugar. Tus labios de azúcar mezclados con el olor a chocolate de la pastelería de aquella esquina. Y un poco más adelante, bajando por la travesía de la izquierda, el abrazo tímido de siempre delante del mismo portal, nuestro portal de ilusiones. Merendar tus miradas de canela entre la espuma de un café con leche, y mirar disimuladamente mi cara deformada sobre el metal de la cucharilla. Compartir los naranjas del atardecer y las mangas de la chaqueta, y alguna que otra noche de respiraciones acompasadas. Soñar despierta y sonreír, sin más.

Sacar del armario los guantes deshilachados, y el gorrito aquel gris que siempre llevo encima pero nunca me pongo. Mis botas marrones con cordones naranjas y los pantalones de pana con estrellas a retazos. Embobarme viendo la lluvia que vuelve a caer. El pueblo inundado y yo otra vez sin paraguas. Salir a la calle y encontrarme un beso y medio bostezo tuyo sin sobre en el buzón. Que la humedad siga cuajando este sueño que nunca llega. Porque sí, vuelve a ser otoño, pero tú sigues siendo algo así como un pedazo de ausencia. Una ilusión que todavía no sé si tiene cabida en mi realidad. Miro el calendario y entre los días sólo encuentro ganas y más ganas de que dejes de ser un nadie indefinido y seas ese alguien que me abraza mientras me duermo.

¿Te has dado cuenta? Llega octubre y siempre me salen las mismas palabras. Mis dedos no saben teclear nada más que este puñado de letras desgastadas… Ven a buscarme, anda. O déjate encontrar…

8.10.07

dilemas

No he conseguido dormir más de veinte minutos esta noche. Me he levantado y se me ha caído el mundo encima. Hasta tenía ganas de llorar. Me he duchado con agua helada y se me han encogido un poquito más los pulmones. ¡¿por qué narices sigue sin funcionar el calentador?! La piel congelada y el frío metálico del vértigo palpitando en las venas. Buf, hoy es uno de esos días en que la vida me pesa más de lo normal. Joder, me va a costar disimular y colgarme la sonrisa barata de cartón en la cara.

¿Qué hora es? Podría quedarme tirada en la cama… Y seguir suplicándole a la realidad que te arranque de mi sueño. O ponerme una peli, de esas que he visto mil veces, y dejar de pensarte durante un ratito. Salir luego a ver el mar, y dejar pasar las horas y enterrarlas bajo la arena. Olvidarme de mí, y un poco de ti. Mañana ya será otro día…

Mierda, son las diez pasadas. Llego tarde, perderé el tren. Anda, va, haz un esfuerzo. Abróchate la piel de mentira y guárdate la vida en la cartera sin pensártelo más. ¿No ves que si te dejas caer nadie va a pararse a recoger tus cristales rotos? Te van a pisar, como siempre. Ponte la armadura de hojalata y sal a la calle. Bueno, ya me romperé otro día.

Cojo aire y abro la puerta. ¿Tengo que aguantar seis horas de clase haciendo ver que me entero de algo? Bah, no es para tanto. Sí, pero es que estamos a lunes. El viernes es fiesta, ¿te acuerdas? Es verdad. Venga, va. Le doy la vuelta a la llave y la saco de la cerradura. Voy a pasarme el día haciendo ver que no te sueño, que no te invento, que no te extraño, que ni tan siquiera existes. Voy a hacer ver que no me pasa nada. Espera, ¿acaso te pasa algo?

1.10.07

absurdas esperas


se quedó esperando. allí, en aquel rincón de ausencia, esquivando con la esperanza los resquicios de verdad, la cruda realidad que el viento escupía sobre su piel. sabía de sobra que no iba a llegar, que, como siempre, esperar era perder el tiempo y desgastar los sueños. pero aún sin entender exactamente por qué, permanecía en aquella esquina, inmóvil, analizando con la mirada cada retazo de paisaje, cada perspectiva que alcanzaba a ver..., a penas sin pestañear por miedo a que el pequeño detalle que tanto ansiaba encontrar pudiera aparecer en el preciso instante en que los párpados le cegaban durante escasas milésimas de segundo.

algo por dentro le decía que no podía marcharse, todavía no, que aún no era demasiado tarde para toparse con Ella. siempre le pasaba lo mismo. y es que a veces se hace tan difícil calcular el valor exacto de los adverbios indefinidos... demasiado poco, demasiado tiempo, demasiada ilusión, demasiadas preguntas... ¿cuánto demasiado es realmente demasiado?

así que seguía allí, en su recodo asfaltado de soledad. cada vez que miraba el reloj se prestaba diez minutos más de espera, sólo diez. aunque de diez en diez iban pasando las horas. tenía que encontrar aquella señal, por minúscula que fuese. tal vez se había enredado con la lluvia o con cualquier arista de aquel frío impersonal, y por eso tardaba tanto en llegar. "podría ser, ¿no crees?", se repetía inconscientemente. "quizás..."

perdía el tiempo. pero nadie conseguía arrancarle la absurda esperanza que llevaba cosida en los ojos. esperaba. siempre esperaba. ¿el qué? aún no se sabe... bueno, sí. cualquier detalle, respondía ella cuando alguien osaba preguntarle, cualquier pincelada de intranscendencia o cualquier nimiedad capaz de exprimirle una sonrisa y darle un vuelco a su vida. se veía de lejos que no estaba demasiado bien de la cabeza, por no decir que rozaba los bordes de la locura...

pasaron los días pero no se cansó de estar allí, quieta, a penas sin pestañear. nunca entendió que la gente normal no se para a leer los labios de las nubes, que el mundo está demasiado ocupado como para pararse a descifrar los mensajes que el destino esconde en esa cuarta dimensión que ella, junto con alguna otra Amelie y algún que otro ilusionista empedernido, tanto frecuentaba.

el frío le esculpió escarcha sobre los huesos. hizo de su sangre nieve, y le heló cada rasguño de esperanza que todavía latía débil entre las diástoles de su corazón. sí, sí, tal como lo oyes. todo por la estupidez de seguir creyendo en la Casualidad, por creer que la vida se puede tejer uniendo casualidades.