24.9.07

promesas



¿Sabes? Me presté un día, tan solo uno. Doce horas de luz para pensar en ti y una noche entera para soñarte. Me prometí que despertaría con una sonrisa pegada en los labios y que a partir de entonces sólo ocuparías breves paréntesis de mi tiempo.

Pero me tragué tu voz, sin querer. Tus sostenidos son tan suaves que se deslizaron por mi garganta mientras te escuchaba. Y ahora estás metida en mí. Te tengo ahí, tus vocales en el estómago y un puñado de consonantes enzarzado en cada pulmón. Con razón me ahogo cuando respiro.

Si es que soy un desastre... No puedo prestarme caprichos como este, ni prometerme cosas que sé que luego seré incapaz de cumplir. No he sabido evitar que tu pronombre se convirtiera en sufijo ineludible del verbo soñar.

De repente ya no sueño, sólo te sueño. Te invento, te abrazo, te extraño…



…y te espero.

22.9.07

saltar




Creer en ti es asomarse al absimo. Un nudo de vértigos y el corazón latiendo a mil por hora en la boca.


Si me das la mano, salto. Y me guardo en el bolsillo el maldito miedo y la estúpida razón.


¿qué dices?

13.9.07

dehielos


Creo que lo empiezo a entender. Un deshielo, no puede ser nada más. ¿Cómo no se me ha ocurrido antes? Se deshacen las costuras de su corazón embastado con hielo. Las miradas de escarcha que sostenían los latidos, los abrazos y los besos de sal que la Reina de las Nieves le tejió con alevosía en los bordes de las arterias. Gota a gota, como los grandes glaciares del polo. Las moléculas pierden lentamente su densa compostura. Se d i l a t a n, se e s p a r c e n . . . Y cada vez hay más líquido en su interior, agua que fluye por sus venas. Por eso a ratos siente que se ahoga, claro, le cuesta tanto respirar porque se le encharcan los pulmones. Aunque esa agua que le empapa el aire es la misma que la hace sonreír. Parece extraño, ¿verdad? Se le derrite cada uno de los sentidos y se siente líquida, como si una de esas lluvias de otoño se le hubiera calado en la piel. Hay algo, algo que desprende un calor que le produce inoportunas sensaciones de asfixia, pero que a su vez, descongela la piedra de hielo que tenía hasta ahora por corazón.

7.9.07

ausencias y anestesias

Sigue ahí. Tan azul como siempre. El mar, mi retazo de mar. El que me acuna y baila conmigo cuando el insomnio se anuda a mis párpados y no me deja dormir. El que me mira y me escucha mientras esconde las eses difusas de los silencios que despojo ante sus olas. El mismo que se escurre en mis sueños para sosegar las pesadillas. Ese que me canta brisas y susurros, que me ayuda a respirar cuando me asfixia el aire y me absorbe esas lágrimas, las intangibles, para diluirlas en sus adentros.
Necesito sentir que está cerca, saber que está ahí y que puedo escaparme a verlo en cualquier momento. A veces tengo la sensación de que es el único que me entiende, que no me juzga, al menos. Sentarme frente a él es como escaparme un ratito del mundo, incluso de mí. Es desconectar y descansar; dejar mi nombre, mi cuerpo y mi mente en una esquina de realidad y sentir alivio por no tener que ser yo durante algún que otro instante. Ser, simplemente, sin ser nada más. Sé que el mundo sigue girando, y que mi vida sigue allí, en aquel rincón donde la he dejado aparcada, y me mira, impaciente, esperando a que vuelva a por ella. Pero durante unos minutos siento que el tiempo, el que cuenta mi reloj, corre ajeno a mí, el tiempo y todo. Me siento ausente, como si estuviera dentro de un paréntesis de puntos suspensivos y espacios en blanco. Y no hago nada más que mirarlo, con los ojos bien abiertos para que mi inconsciente se tiña de azul.

Me tranquiliza, lo he dicho mil veces ya, ¿no? Pero es que es verdad. Cuando estoy cansada, agobiada, o triste, y enfadada…, cuando no entiendo nada, ni tan siquiera a mí misma…, cuando me apetece pensar, o tal vez estoy aburrida… cuando tengo ganas de estar sola o me siento demasiado sola… me voy a buscarlo, y siempre acabo sembrando miradas entre los huecos del pentagrama de su vaivén. Me relaja y me anestesia. Quizás me domina, no lo sé. Creo que un día probaré de cambiarme la sangre por agua del mar, sí, de este, de mi retazo de mar.