23.7.07

entelèquies


Aquesta nit plourà. Hi ha molta boira i ja fa estona que rondinen els núvols, des que els he intentat explicar que et trobava a faltar. No volen escoltar-me. Ni ells, ni el vent.

M’he escapat per tu, un moment, una estoneta que s’ha acabat per convertir en gairebé mitja nit. T’he estat esperant, et necessitava escoltar. Les teves paraules o el teu silenci, però escoltar-te.

Em sentia sola, a vegades em passa, i això que estava envoltada de gent. No ho entenc massa bé, però em passa. És com si de sobte se’m fes un forat, l’aire es queda buit i em segresta la Soledat. Una sensació estranya, se’m fa difícil d’explicar, i de suportar. Em posa nerviosa, fins i tot trista alguna vegada, m’angoixa.

Total, que m’he escapat per quedar-me sola, sola de veres. I és que només quan estic sola es quan sóc capaç de trobar-te... La teva veu em tranquil·litza, no t’ho he dit encara? Quan parlo amb tu els segons no pesen, deixa d’existir la gravetat, i el temps, i tot. És com flotar dins d’un No-res eteri, fluir en una irrealitat tan summament real que m’aterra. Perquè et sento, sento com m’abracen les teves paraules i et trobo a faltar. Se’m fa estranya la teva absència i la percepció d’aquesta entelèquia em venç, em desgavella els cinc sentits, i la raó.

Però, alhora, escoltar-te és l’únic en aquests moments que pot calmar-me els neguits. Deixar de pensar i no fer res més que sentir-te. Imaginar-te... I fer el possible per no dissoldre’t amb el món terrenal, perquè aquí és quan em comencen a irrompre els deliris.

Dins la meva realitat no existeixes. No ets res, ningú sap de la teva existència. És més, inclús el meu jo físic a estones et nega. Les nimfes no tenen lloc dins la física, només són presents al món de l’abstracció, sí, el mateix dels somnis. Per això, el meu altre jo, el psíquic, et sent en tot moment. No hi ets, no et veig... però puc percebre el teu alè enganxat a la pell i la meva mirada recolzada sobre la teva boca. T’adverteixo tan a prop que el món esdevé una amalgama de ficció i realitat.

Diria que aquesta és la raó per la qual els núvols rondinen i murmuren quan els explico que et trobo a faltar. Els núvols, el vent, el mar... Comença a ploure i encara no he aconseguit trucar-te. A vegades penso que la vida no està feta per gent com jo, per persones que es passen el dia rallant-se per infinitat de motius tan perplexes com absurds... Mitja nit, ara sí, i plou, cada cop més fort.


[ entelequia
Esta noche lloverá. Ya hace rato que gruñen las nubes, desde que he intentado explicarles que te echo de menos. No me quieren escuchar. Ni ellas, ni el viento.

Me he escapado para ti, un momento, un ratito que se ha acabado por convertir en media noche. Te he estado esperando, te necesitaba escuchar. Tus palabras o tu silencio, pero escucharte.

Me sentía sola, a veces me pasa, y eso que estaba rodeada de gente. No lo entiendo muy bien, pero me pasa. Es como si de repente se me hiciera un vacío, el aire se queda hueco y me secuestra la Soledad. Es una sensación extraña, se me hace difícil de explicar, y de soportar. Me pone nerviosa, incluso triste alguna vez, me angustia.

Total, que me he escapado para quedarme sola, sola de verdad. Y es que sólo cuando estoy sola es cuando te puedo encontrar… Tu voz me tranquiliza, ¿te lo he dicho ya? Cuando hablo contigo los segundos no pesan, deja de existir la gravedad, y el tiempo, y todo. Es como flotar en una Nada etérea, en una irrealidad tan real que me aterra. Porque te siento, siento como me abrazan tus palabras y te echo de menos. Te extraño sin conocerte y la percepción de esta entelequia me vence. Desborda mis cinco sentidos, y mi razón.

Pero, al mismo tiempo, escucharte es lo único en estos momentos que puede calmarme los nervios. Dejar de pensar y no hacer nada más que sentirte. Imaginarte… Y hacer lo posible para no mezclarte con el mundo terrenal, porque ahí es cuando me empiezan a irrumpir los delirios.

En mi realidad no existes. No eres nada, nadie sabe de tu existencia. Incluso mi yo físico a ratos te niega. Las hadas no tienen lugar dentro de la física, sólo caben en el mundo de la abstracción. Por eso, mi otro yo, el psíquico, sí que te siente, en todo momento. No estás, no te veo… pero noto tu aliento pegado a mis huellas y mi mirada recostada sobre tu boca. Te advierto tan cerca que el mundo se convierte en una amalgama de ficción y realidad.

Creo que es por eso que las nubes gruñen cuando les cuento que te echo de menos. Las nubes, el viento, el mar… Empieza a llover y aún no he conseguido marcar tu número. A veces pienso que el mundo no está hecho para gente como yo, para personas que se pasan el día rayándose por infinidad de motivos tan perplejos como absurdos… Media noche, ahora sí; y llueve, cada vez más fuerte. ]

17.7.07

caminos

Caminos. Infinidad de caminos frente a mí. Unos rocosos, otros de tierra, o de hierba. Algunos más empinados, otros bastante llanos. Ese de allí, el de la izquierda, resbaladizo. Más arriba, hace eses otro sendero. Aquel baja al lago, ¿lo ves? Y el de más lejos, el que se pierde entre tanta piedra, sube a la cima de aquella montaña que nos está mirando.

Cientos de atajos, desvíos, caminos y más caminos, sendas tan diminutas que no aparecen ni en los mapas. Direcciones y sentidos que se entretejen entre los árboles, entre el verde y entre las rocas. No sé hacia dónde tengo que ir. Ni cuál seguir. Pero ando. Camino sin parar siguiendo señales que ni siquiera sé si son para mí, si me guían a mí o al hombre aquel con el que me crucé esta mañana.

Mis pasos se pierden. Me pierdo yo. Sigo hacia delante, sin parar. Parece que es por allí, todo recto. Aunque no lo tengo muy claro. Seguro que hay cantidad de opciones para llegar al mismo destino. Y cantidad de posibilidades de equivocarse de lugar. ¿Y si me equivoco? Tal vez aquel de allí es menos empinado que este. No lo sé… pero camino, sin pensar.

De repente estoy colgada en una pared. He ido subiendo por el canal de piedra. Miro el reloj y llevo cuatro horas andando por esta tartera. No sé qué hago aquí. Cada vez subo más y no puedo mirar hacia abajo. Si miro hacia arriba se me cae la montaña encima. Me resbalan los pies, el suelo no me deja dibujar huellas. Busco algo para agarrarme, una roca que esté sujeta. Y escucho como cae en el vacío la piedrecita aquella que he tocado sin querer.

Me quedo encallada. No puedo subir. Ni tan solo me puedo mover. ¿Y si me caigo? El vacío está ahí… Un ataque de pánico y el vértigo rozándome la piel. Tengo que hacer un esfuerzo. "No cierres los ojos. Respira, por favor, coge aire y sal de aquí. Saca fuerzas de dónde sea y acaba de subir los cinco metros que quedan. Vamos, va…"

Unos segundos y por fin estoy arriba. Tu mano sujetando mi brazo, en lo alto del desfiladero. No se me ocurrirá volver a pasar por aquí. Me asomo a la otra vertiente, por donde tengo que bajar. La vista es genial, pero yo tengo vértigo. Y de nuevo infinidad de caminos a mis pies. Me entra el miedo y pienso en ti. No me sueltes, dame la mano.

12.7.07

vueltas

Treinta y seis vueltas. Quizás sólo diez, o doce. No lo sé, he perdido la cuenta. No puedo dormir. Tengo el mar metido dentro. Esta vez no me lo he tragado yo, ha sido él quien me ha engullido a mí. Me fluye su sal por las venas y las algas parece que taponan las arterias que apuntalan el corazón.

Las nubes absorbían el cielo hace unas horas. Ojalá sigan pintando de gris el sol de mañana. Me gusta tener frío y estar a julio. Cierro los ojos y meto mis manos en tus bolsillos. ¿Me dejas dibujarte escalofríos entre las pecas? Tengo arena bajo los párpados y por más que pienso no encuentro ninguna excusa para sacarte de este sueño.

Me mareo con el vaivén de las olas. Desvarío, ¿no lo ves? Y tengo la sensación de que me desplomo por un abismo de sinsentidos. No duermo y te pienso, pero es que si me duermo te sueño… y no estoy segura de hacerlo porque quiero o porque siento. Creo que tu insomnio se divierte jugando conmigo esta noche. Tu insomnio y el mar, porque sus mareas siguen meciendo mi cuerpo.

¿No has sentido nunca las ganas de arrancar la sombra de un ensueño para abrazarla con todas tus fuerzas? Es raro, sí. Pero es que yo estoy rara estos días. Vuelvo a darme otra vuelta. Media, esta vez. La noche también da vueltas, creo que se dormirá ella antes que yo...

10.7.07

silencios

Me hubiera pasado la noche escuchándote, sin hablar. En silencio. A penas sin respirar para no perderme ni un solo armónico de tu voz. Tragándome tus palabras y arropándolas en cada rincón de mi cuerpo. Pero me daba miedo llamarte. Hay días en que se me enredan los sonidos en la garganta y sólo soy capaz de despojar silencios mientras la afonía juega a trenzarse con mis cuerdas vocales.

No te lo hubiera sabido explicar… Preferí echarte de menos que ahogarme con todas las palabras que no me hubiese atrevido a darte. No soy valiente. Me escondí entre las sábanas sin saber si pensar o soñar. Y el viento se ha pasado la noche soplándome reproches. Tenía que haberme dejado llevar por las ganas y atarme a la cuerda que me lanzaste desde la Luna. Dejar la razón debajo de la almohada y la timidez plantada entre el jazmín de la maceta de la terraza.

Cuando no me entiendo me bloqueo. O cuando no me quiero entender. El miedo, porque no lo sé llamar de otra manera, me congela los sentidos. Le roba el calor a los afectos y se lo inyecta a las neuronas para que hagan arder mi cerebro. Me quedo paralizada y no sé hacer nada más que pensar, como una loca. Divagar sin rumbo, sin encontrar nortes ni oestes, ni salvavidas donde agarrarme para mantenerme a flote en los pantanos de la conciencia. Tengo la piel helada y la cabeza desplomándose por acantilados de ansiedad.

Necesito respirar. Abrazarte hasta sentir tu respiración dentro de mis pulmones. Hasta que tu calor descongele mi sangre y tus latidos bombeen mi corazón. Pedirte con la mirada que me muerdas los labios para hacerme recordar que sigo aquí, que aún no he naufragado. Agarrarte la mano y quedarme un ratito a tu lado, un paréntesis de tiempo; y de realidad, si quieres. Que me ayudes a encontrarme dentro de este laberinto de espirales.

No sé cómo me atrevo a pedirte tanto si ayer fui incapaz de llamarte. Si no sé de qué color son tus ojos ni hacia dónde tengo que correr para buscarte. ¿Cómo pretendo que tu sangre bombee la mía si ni siquiera sé si a las hadas les late el corazón?

Seré egoísta, pero es que sentirte cerca es lo único que calma el mar que me tragué hace días, es lo úico que me tranquiliza.

7.7.07

olas y peldaños


Me he tragado un remolino de olas. Mareas que se me enredan en la garganta. Quiero hablar y no puedo. Sólo puedo dejarme llevar. Hundo los dedos en la arena, fría, bajo el cielo de acero que se acuesta sobre mi cuerpo. Cierro los ojos y los susurros del mar me sacan por el oído el hilo de los secretos. El viento me agrieta la piel, desgarra las costuras de mi abrigo de piedra.

Bajo la arena me agarras la mano, me la vistes con guantes de melocotón y me estiras suavemente hacia ti. Es tu piel contra la mía. Y el agua salada del mar. Eres tú frente a mí. Sin nada más que nosotras. El miedo se ahoga en el horizonte, lo aspira la línea que distingue el océano y el cielo de terciopelo. Gracias por arrancármelo y coserle pesos de plomo a los pies.

Parpadeo y crecen escalones. Respiro y tus brazos cada vez se acercan más a mi cuello. Me ahogo si no te escucho, si no oigo las olas balanceándose sobre mi vientre, en mis oídos. Te siento y te echo de menos, y me como los torbellinos de vértigo que teje el delirio y la certeza de no haberte sentido nunca. Gritaría pero no puedo. Sólo puedo dejarme arrastrar por la brisa que sopla la playa con tu aliento escondido en sus entrañas.

Se me enredan las pestañas en tus caderas. Tus labios y las burbujas de deseos que escupen mis pupilas. Bebes mis sueños. Y yo construyo escaleras para subir al cielo. Escaleras mecánicas, de caracol, de cuerdas de circo y de barcos pirata. Peldaños y más peldaños que, no sé cómo ni por qué, disminuyen la distancia que separa mis ojos de tu mirada.