23.6.07

caducada

Que las paredes de mi cuarto están cansadas de que me pase las tardes pintándolas con miradas que no reflejan nada más que tu nombre. Que se han sincronizado con el reloj para que el tic-tac de los segundos estalle cada vez que mis pupilas se tiñen de los colores de tu recuerdo. Que tu olor rebota en las esquinas de la mesa y se estampa contra la ventana porque todos los recodos donde antes se escondía se niegan a seguir arropándolo.

Que la oscuridad intenta sobornar a Morfeo para que me hipnotice y deje de intimidarla cada noche con suspiros que buscan recovecos entre tus labios. Que las sábanas pretenden convencer a mi piel de que jamás van a tener la misma textura que tus abrazos; que de mientras, la Luna cuece hechizos con estrellas, pócimas para desvanecerte y arrancarte de los sueños que hilvana mi imaginación.

Que no, que no puedo seguir escribiendo tu nombre. Que las letras se resisten a trazarse en el papel. Que el oxígeno ha decidido no dejar respirar el eco de tus palabras. Que el mp3 gasta sus pilas cada vez que va a sonar alguna de las canciones que escuchábamos juntas. Que las fotos conjugan el verbo olvidar. Que mi mundo grita para que salgas de él.

Demasiado tiempo, que llevo demasiado tiempo acariciando tu ausencia. Que no te mereces seguir ocupando el cajón más grande del mueble de la memoria. Que se ha extinguido el tiempo que tenía para compartir con las huellas de hada que dejó tu fantasma en este camino.

Que si escucho al aire sólo dice que te largues, que en mi vida has caducado.

3.6.07

construir

Construiré una escalera para subir al cielo. Esconderé besos de canela con sabor a mar entre las nubes, y les susurraré al oído que al llover resbalen sobre tus pestañas y se enganchen a tu mirada. Gritaré silencios con la voz del viento, y soplaré abrazos de algodón en los bolsillos de tu piel.

Enredaré las palabras innecesarias a las telarañas de la afonía. Y me callaré para decirte todo lo que no sé pronunciar, los sonidos que la timidez prescindió de mi lenguaje. Te devolveré todas las sonrisas que me prestaste hace mil noches para engañar a la tristeza. Las pintaré de azul con matices verdes y las volveré a guardar en los cajones de tu ilusión. Te coseré con hilo de seda una media luna de terciopelo en la sien, entre el perfil de la ceja y aquella peca que me mira cuando me duermo con mi espalda pegada a tu cuerpo.

Silbaré los sostenidos de mis sueños para que reboten en los tímpanos del eco. Me tragaré los “y si…” y dejaré de pensar “debería…” para sustituirlo alguna vez por “me apetece”. Le cortaré la cabeza a la estúpida inseguridad y al miedo. Reciclaré el repelente contra cariño que desprenden mis sentidos y pondré bajo el sol las desilusiones que me congelan los deseos.

Cerraré los ojos y apagaré la luz. O apagaré la luz y cerraré los ojos para retomar el sueño de anoche en el que respiraba tus suspiros y tu aliento despojaba de uno en uno los escalofríos que dormían sobre mi cuello. Me despertaré echándote de menos, como este amanecer, y sólo sabré de ti que tienes el pelo corto y una camisa de tela a rayas (o espera, tal vez esa era yo...). Pero sonreiré porque sabré que existes, que eres un Nadie que dentro de nada tendrá nombre propio. Serás ese Alguien con el que compartir lunas llenas y la banda sonora de los secretos…

Déjame sonreír y estar ilusionada con este final que de aquí a dos semanas, con suerte, será un principio. Déjame divagar y teñir de colores el supuesto futuro que ya empieza a despertar y a colarse por las rendijas de la ventana. Estar contenta porque parece que me empiezan a salir bien las cosas…, y perder el tiempo viendo como las nubes de fantasía rayan de luz las sombras que hasta anteayer me servían de paraguas.

Construiré esa escalera para subir al cielo. Dejaré el vértigo aparcado en doble fila y empezaré a escalar por las calles de la imaginación. Me agotan las autopistas prefabricadas de cobardía, conformismo y apariencia.