17.3.07

Ayer es nunca jamás

Cambio. Es inevitable. El tiempo pasa y mi reflejo en el espejo es cada día distinto. Aunque sea porque se me han enredado dos pestañas, o porque el ángulo de refracción de aquel rayo de sol que entra hoy por la ventana es sutilmente menor que el de ayer. Nunca seré la misma que era hace un instante, unos minutos. Es imposible. Todas estas letras que estoy descolgando de mis dedos van acumulándose en el pasado, aunque sea en un pasado exageradamente próximo. Las puedo eliminar tan sólo con presionar una tecla, pero es imposible suprimir el hecho de haberlas escrito (y de haberlas borrado).

Todo fluye. La vida está sujeta a las riendas de la evolución, del cambio, del movimiento continuo, decía Heráclito. El universo se dilata, el mundo gira, las estrellas se mueren... y nosotros somos algo tan sumamente insignificante dentro de esta masa de vacío que nos rodea que no podemos hacer nada para impedirlo.

La fuerza generadora de este cambio al que estamos sometidos va ligada al tiempo. Al implacable susurro del reloj de arena del infinito. El tiempo no regresa al pasado y el movimiento sigue sin cesar las pulsaciones de la eternidad.

Este es un trocito del trabajo de filosofía que tenía que entregar el lunes pasado. Empezaba así, y acababa diciendo que la humanidad es como una plaga. Llega en multitud, se reproduce y se autodestruye. Como las langostas.

No lo cuelgo entero porque es demasiado largo. Pero bueno, este es un ejemplo de las paranoias que pueden estar retumbando en mi cabeza horas y horas.

Escribiendo esto me acordé de que, cuando era pequeñita (más aun), había noches en que era incapaz de dormir porque me mareaba pensando en la infinitud del universo y en la intrascendencia de la vida. Tenía entendido que el universo era una extensión de color negro, enorme, sin extremos ni sin fin, y dentro de él había galaxias de distintas formas compuestas por millones de estrellas. En una de aquellas masas siderales era donde se encontraba el sol, que era gigante al lado de la Tierra, y alrededor de él giraban un montón de planetas y meteoritos entre los cuales estaba el nuestro. Y nosotros, dentro de este globo, éramos diminutos. Minúsculos puntos imperceptibles. Entonces, si yo era microscópica dentro de mi mundo y mi mundo era infinitamente pequeño dentro del infinito, ¿a quién le podía importar mi existencia? Y si mi vida ya era insignificante… ¿qué se limitaba a ser, entonces, la vida de aquella hormiga que escarbaba la tierra día y noche construyendo túneles subterráneos?

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Como te dije hace rato.. cada dia escribes mejor :)


Potedaia Girl

illeR dijo...

Tiene pinta de ser un buen trabajo....te auguro una buena nota ;)

Aunque seamos insignificantes en la inmensidad del cosmo. No lo somos en el mundo. Cada persona es importante y su existencia marca un antes y un despues en parte de la poblacion.

Hangelus GiRL dijo...

"Cada día el sol es distinto" es mi aforismo favorito de Heráclito, junto a que "sólo el que espera lo inesperado es capaz de verlo".

Yo también me meareaba de pequeña pensando en qué habría si no hubiese mundo. Me mareaba porque es imposible pensar sin mente. ¿Cómo iba a pensar lo que no estaba llamado a ser pensado?

Cada día el sol es distinto. Cada día es una nueva oportunidad... para descubrirte un poquito más

un beso

Labrujamala dijo...

me dejas impresionada caperucita... ;-p

Abril dijo...

Interesante...

¿¿¿Estás segura de que no eres una vieja disfrazada de joven?. A veces siento que tienes una sabiduría muy poco común a tu edad...

Lo que sentías cuando eras chica me hace pensar por qué eres tan sensible en la actualidad. Aparentemente SIEMPRE fuiste un ser MUY ESPACIAL, amiga.

Te quiero.

Potedaia Girl dijo...

Prometo un cacaolat volador cuando vuelva para alla, tu no te olvides de ciertos crusantes que prometiste :P